El sistema de calefacción por suelo radiante se basa en la emisión de calor desde el suelo; esta emisión se consigue caldeando el suelo. En virtud de un principio físico de la naturaleza, por el que todo cuerpo, en función de su temperatura, emite energía en forma de radiación infrarroja, la superficie del suelo irradia calor cuando alcanza y mantiene una cierta temperatura; este calor, en forma de radiación infrarroja, se transmite a los ocupantes de la estancia y a las paredes.
La intensidad de la radiación emitida por el suelo disminuye según se aleja de la superficie; así, el calor recibido por los ocupantes y por las paredes es menor a mayor altura. Las paredes aumenta de temperatura por el calor recibido, pero en menor grado a mayor altura; en razón de la misma emite también radiación infrarroja, de intensidad decreciente con la altura.
El efecto combinado de la radiación del suelo y de la radiación de la pared genera por lo tanto distintos niveles de radiación en la estancia, de menor instensidad según aumente la altura. El resultado para el ocupante es un percepción de más calor en la zona baja y menos calor en la zona alta. Operando con los valores de energía y temperatura adecuados, este perfil se sitúa en valores alrededor de los 25º C en la zona inferior y 19ºC en la zona superior. Esta distribución del calor resulta la que más se ajusta a las necesidades térmicas del cuerpo humano.
